Mi historia comienza un miércoles cualquiera en un rooftop perdido de Brooklyn, en Nueva York. Llevaba cuatro meses viviendo en la Gran Manzana. Nunca hubiera imaginado que me quedaría a vivir en ella. Ni que me sucederían todas las cosas que me pasaron allí. Llegar a cumplir el sueño de publicar dos novelas en ese escenario insólito que no se termina nunca. Sí. Mi Nueva York.

Ana Hernández Sarriá en Manhattan
Rooftop de Brooklyn, Nueva York.

Desde que abrí el ordenador ese día ya nunca pude parar. Escribía todo el tiempo. En las cafeterías de mi barrio, en los rooftops, en la biblioteca pública de Bryant Park, en el metro, en la oficina, siempre con mi café gigantesco e incluso saboreando una de esas magdalenas americanas apoyada en cualquier árbol de Central Park.

Escribir, me salvó. Me enseñó prácticamente todo lo que sé. Fue mi mejor terapia. La manera de reinventarme, de volver a ser yo, sin limitarme a existir. Gracias a la escritura fui capaz de hablarle al mundo de mis fantasías, de esa imaginación tan poderosa que desde niña había rechazado.

Ana Hernández Sarriá pequeña contando historias
Con siete años contando historias.

Gracias al poder de volcar mis fantasías en relatos y novelas comprendí que, ese tormento que me había tenido presa durante años no era algo malo, al revés, era una bendición. Aprendí que mi imaginación es todo lo que tengo, lo que me lleva y me trae. Lo que me reinventa. Lo que me mueve a hacer realidad cualquier tipo de proyecto.

ana hernandez sarria leyendo

Einstein decía que el conocimiento tiene límites, pero la imaginación es infinita. Y que en los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que la inteligencia.

Ana Hernández Sarriá en Nueva York
Rooftop en Manhattan, Nueva York.

 

Mis novelas, mis relatos e incluso este texto son un reflejo de un don que tengo y que toda mi vida había menospreciado. Son las hadas y los trolls que veía cuando era niña. Son las fantasías que viví en Manhattan mucho antes de llegar a Nueva York. Así que, si vas a leerme, no importa en el formato que sea, has de saber que todo lo que escribo es un reflejo de mi imaginación, de ese no rendirme nunca. De mi capacidad de superación.

Gracias a ella por fin puedo decir que he conseguido dedicarme en cuerpo y alma a lo que realmente me gusta: Escribir. Inventar historias. No importa si son mías, tuyas, de tu empresa o de los dos. En una generación frenética de Internet 2.0 tengo la suerte de despertarme tranquila cada mañana, hacerme un café calentito y escribir durante horas en mi casa, en mi ordenador. Esta es mi verdadera historia y me considero muy, muy afortunada.

Ana

Si quieres ver más, puedes cotillear mi instagram. (Todos lo hacemos.)

También puedes ver una entrevista muy especial que me hicieron para ES Fascinante

Ana Hernández Sarriá en el Salon des fleurs
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